Cómic y la mujer

Sofía Carlota Rodríguez: “Hay que hacer algo para hablar de la mujer”

Mujeres españolas de Tebeo es la primera tesis que analiza el trabajo de las historietistas españolas

Sofía Rodríguez en la ceremonia tras presentar la tesis Mujeres españolas de tebeo en la Universidad Complutense de Madrid | Imagen cedida por Sofía Rodríguez

Sofía Carlota Rodriguez (1966, Gijón) es periodista cinematográfica y aficionada profesional al cómic desde pequeña. Su padre, uno de los más grandes coleccionistas y creador de la primera página de estudio del cómic de España en los periódicos de Gijón, fomentó su crecimiento como lectora de este mundo desde pequeña: “Mi padre luchó por este mundo desde los años 70”. Tras colaborar de forma altruista durante 29 años en el Salón Internacional de Cómic de Asturias como directora de comunicación, jefa de prensa y relaciones públicas, lanza la primera tesis sobre la mujer y el cómic: Mujeres españolas de tebeo. Análisis del cómic hecho por mujeres a través de su dibujo, historias, personajes y narrativa.

Pregunta. Estudió Ciencias de la Información y Publicidad, ¿en qué momento decide enfocar sus estudios en el cómic? ¿Por qué decide hacerlo?

Respuesta. Yo me metí a estudiar Ciencias de la Información por el cine, no por Periodismo ni por ninguna otra cosa. De todas formas, si me hubiera planteado estudiar algo de cómic no habría podido hacerlo, y sigue sin haber nada. Podría haber hecho Bellas Artes, pero no dibujaba. Hoy pienso que podría haber hecho guiones, pero como me metí en el periodismo cinematográfico no lo volví a pensar, que incluso para estudiar Periodismo en mi época era complicado y había muy pocas opciones.

P. ¿Ha intentado por sus propios medios fomentar el estudio del cómic en las Universidades?

R. Llevo muchos años intentando que alguna Universidad tenga una cátedra de cómic y no se termina de hacer ninguna. En Valencia creo que hay un Máster, pero antes era imposible.

P. Su tesis Mujeres españolas de tebeo es la primera tesis publicada enfocada en el análisis del cómic hecho por mujeres abarcando la ilustración y guion, ¿de dónde nace la idea?

R. [Ríe] Nace de hablar de las  mujeres en el cómic. Cuando estuve en el Salón del Cómic siempre vi que faltaba ese hueco. Yo estaba todo el tiempo diciendo “¡Es que todos los que vienen son hombres!”, “¡Es que mujeres hay poquísimas y se las llama muy poco!” y me puse a mirar cosas y no encontré nada en España que hablase de mujeres en el cómic. No sólo tesis, no había ni libros, ni formación ni nada. Cuando yo me puse con la tesis pensaba que me iba a encontrar, no sé, 20 mujeres que se dedicasen al cómic entre dibujantes, guionistas y demás. Empecé a mirar y encontré 100, 200 [ríe] y todo el listado está al final de la tesis. Hay muchísimas y no se sabe nada de ellas. Yo lo tenía clarísimo, el papel de la mujer hay que reivindicarlo y destacarlo porque son las grandes olvidadas.

«Hay muchísimas mujeres profesionales del cómic y no se sabe nada de ellas»

P. Obviamente, el fin de realizar la tesis de cómic sobre mujeres es dar esa visibilidad.

R. Exacto. La tesina la había hecho sobre cómic, mi pregunta básica era “¿Por qué las mujeres no leen cómics?” y ahí empezaba a hacer todo el análisis de por qué desde siempre ha parecido que a las mujeres no les interesaba el cómic. Desde esa tesina fui tirando del hilo y fue cuando dije “hay que hacer algo para hablar de la mujer”. Al principio pensé en algo más grande, más a nivel internacional, pero terminé centrándome en España porque es donde no había nada. Empecé a pensar en dibujantes y guionistas y finalmente tuve que acotar. En ese momento decidí que serían mujeres dibujantes.

P. Ha estudiado a cuatro mujeres dibujantes españolas que pertenecen a diferentes épocas que son Pilar Blasco, Purita Campos, Ana Miralles y Emma Ríos. ¿Cuál de las anteriores tiene una historia más curiosa para ti?

R. Para mí, Purita Campos. Ella era la que más vendía, más incluso que Mortadelo y Filemón. Purita Campos es un icono que representa todo, aparte que las ilustraciones que hacía en esa época, aunque hoy en día nos parezcan atrasadas, eran muy modernas: hablaba de divorcio, de los problemas familiares, y eso en los años 70 no era nada común. Además lo mezclaba con un estilo muy simpático, le ayudaba mucho su gusto por la moda. 

Lo más curioso es que después de vender más que Mortadelo y Filemón se moría de hambre y tuvo que iniciar una academia de dibujo porque nadie la quería contratar. Ella pasó por todo: de vender mucho y ser reconocida a pasar hambre por ser mujer y no poder seguir desarrollando su profesión. Purita Campos es la más olvidada, nadie habla de ella.

Purita Campos dibujando a Esther en el Salón Internacional de Cómic del principado de Asturias en 2002 | Imagen cedida por Sofía Rodríguez

P. Tuvo que abrir una academia para tener algún ingreso, ¿hubo algún otro motivo por el que debió dejar de dibujar?

R. Yo creo que también influyó que fuera mujer, porque si te pones a ver toda la historia de estudios que hay de cómic en España, que por cierto todos están hechos por hombres, claro, no hablan de ninguna mujer. En un libro de, a lo mejor, 400 páginas hay un párrafo así [indica con los dedos] de pequeño.

Yo me acuerdo que de pequeña Esther estaba denostada, era “basurilla” y la gente decía “Voy a comprar el tebeo y se lo compro a la niña”. Incluso en mi casa a mí nunca me dijeron “toma este tebeo de Esther”, y no es que a mi padre no le gustase. De hecho, había muchos chicos que los leían a escondidas, los tenían sus hermanas y se los cogían, pero no reconocían que les gustaba.

«En toda la historia de estudios que hay de cómic en España no hay ninguno que hable de ninguna mujer»

P. Parece que los tebeos dibujados por hombres van dirigidos tanto a mujeres como a hombres y, en cambio, los de mujeres sólo a ellas mismas.

R. Sí, pero hubo una época en la que eran todos para hombres y por ejemplo, si dibujaban a una mujer, lo hacían de forma muy voluminosa, con sus pechos, todo vestiditos apretados… Y el público que había era muy “de trastienda”. Pero en general sí, los cómics dibujados por hombres iban dirigidos a cualquiera.

P. ¿Con que se queda de las demás autoras de su tesis?

R. Pilar Blasco es una de las primeras dibujantes, es una pionera, y creó una escuela para las mujeres dibujantes. Hay muchas más mujeres en esta época, pero para mí y para mucha gente la consideramos como representante porque marcó a toda una generación y toda una escuela y de mujeres que empezaron a ganarse la vida sin tener que ser amas de casa.

Ana Miralles para mí es la mejor autora. Su estilo es impecable, tiene unas historias maravillosas y a la hora de analizar su dibujo me parecía trascendental. Ella es mucho más innovadora y el color es muy importante cómo lo desarrolla. Eso no lo podía hacer con Purita Campos porque el color se lo daban las máquinas, pero Ana Miralles trabaja el color, la composición, los detalles… 

Sobre Emma Ríos, que cuando yo empecé la tesis estaba nominada a los Premios Eysner, destacaba su estilo personal mezclado con los superhéroes y el manga y además trabajaba para el mercado americano. Por ello yo la veía como la autora española más destacada a nivel internacional por aquel momento.

P. En qué se diferencian las aportaciones de estas mujeres respecto a las de sus compañeros masculinos.

R. No creo que se diferencien, están al mismo nivel. De hecho creo que muchas veces las mujeres se encuentran más arriba.

P. ¿Sucedía lo mismo en la época franquista?

R. Los temas diferían más. Pilar Blasco por ejemplo publicaba para una revista femenina, y eso significaba que iba dirigida para que aprendieras a cocinar, a coser, a ser una buena ama de casa… Pilar Blasco no pudo salir de eso en la época de Franco por el tema de la censura. Los hombres en esta época sí que tuvieron algo más de libertad, pero publicaban por ejemplo para resaltar los valores del franquismo o historias de aventuras. Al haber más hombres dibujantes podían hacer más cosas. 

Ana Miralles con el Haxtur a la Mejor Portada en 2003 | Imagen cedida por Sofía Rodríguez

P. En la tesis explica que es difícil encontrar información sobre estas autoras y que su trabajo no ha sido tenido en cuenta por sus compañeros de profesión. ¿A qué cree que se debe?

R. La culpa es del machismo porque muchos profesionales masculinos no las tenían en cuenta por considerarlas, peyorativamente, historias de niñas dibujadas por mujeres. También los críticos no leían ese tipo de cómics por lo que no pueden haber estudios sobre su trabajo, sobre todo cuando los investigadores son hombres.

«Los críticos no leían cómics de mujeres, por lo que no puede haber estudios sobre su trabajo, sobre todo cuando los investigadores son hombres»

P. ¿Y qué tan diferente es esta situación para las mujeres en la actualidad?

R. Hoy en día esta situación ha cambiado mucho, pero no solo en el mundo del cómic sino en las demás áreas también. Así que, se considera políticamente incorrecto no hablar de las mujeres y es como si se hubiese vuelto una moda. Entonces, cada dos por tres sale en el periódico reportajes sobre mujeres dibujantes, guionistas, etc.

P. De todas formas, sigue habiendo muchos obstáculos para las mujeres.

R. Sí, por ejemplo hace poco se emitió en la televisión un documental sobre Ibañez, autor de Mortadelo y Filemón y, en cambio, no se ha emitido en ningún momento ningún documental sobre Purita Campos ni su obra. Entonces sí está cambiando, pero va muy despacio y si se habla sobre las mujeres es porque está de moda. Eso personalmente me da rabia, pero de algún modo hay que empezar. Así que, se está produciendo un cambio muy lento, pero es un cambio inevitable.

Kirk Douglas y Sofía Rodríguez en la presentación de la autobiografía El hijo del trapero, en Madrid | Imagen cedida por Sofía Rodríguez

P. En la actualidad las mujeres dibujantes pueden utilizar las redes para dar a conocer su trabajo gracias a internet y no depender tanto de las editoriales. ¿Qué más ventajas crees que hay ahora con respecto a épocas anteriores?

R. Las redes sociales son básicamente las ventajas que tienen ahora las mujeres dibujantes. Al realizar mi tesis descubrí que había muchísimas que publicaban en las redes, pero no en papel. Esto puede ser una manera de empezar, ya que publicar su trabajo en las redes les puede servir para darse a conocer y que una editorial decida publicarlo en papel. Otra ventaja es la situación social porque está disminuyendo el machismo y eso hace que se puedan interesar por los trabajos de las mujeres.

P. Como organizadora de la entrega de premios en el Salón Internacional del Cómic de Asturias, ¿ha visto una predominancia de hombres sobre mujeres en los asistentes?

R. Sí, las chicas que iban lo hacían para acompañar a sus novios, no porque les interesase el cómic. Aunque cuando se invitó a Purita Campos se marcó un punto y aparte en el tema de los asistentes porque vinieron tanto hombres como mujeres de toda España que eran fans suyos. 

P. ¿Se vio un cambio en los asistentes desde que fue Purita Campos? Es decir, ¿fue una llamada para las mujeres?

R. No, sólo aumentó cuando iban Purita Campos o alguna otra autora, pero no empezó a haber más mujeres que se interesase en el cómic. El caso de Purita Campos es diferente porque tenía un club de fans y no lo sabía ni ella. Esther y su Mundo había marcado a muchísima gente. Después de 20 años sin publicar nada, no era consciente de la cantidad de personas a la que le gustaba su trabajo porque nunca la habían invitado a salones del cómic. Entonces, al invitarla a un salón como una de las autoras protagonistas, se movilizó su club de fans y fueron personas de toda España. Esther y su Mundo fue un fenómeno social y ni Purita Campos lo sabía porque nadie hablaba de él.

«Esther y su Mundo fue un fenómeno social y ni Purita Campos lo sabía porque nadie hablaba de él»

P. ¿Ha cambiado o se ha compensado la asistencia de mujeres con los años?

R. Sí, con el manga empezaron a interesarse las mujeres porque este género aborda historias que les llegan más. Así que, gracias al manga, más mujeres comenzaron a asistir a los salones del cómic, ya que hubo un boom con las series animes que estaban basadas en mangas.

P. ¿Cree que no ha habido un equilibrio entre participantes de ambos sexos porque las mujeres no se han sentido incluidas en el cómic de hombres? 

R. Sí, hay más chicas cuando hay cómics que les interese, por ejemplo los tebeos de Pilar Blasco y Purita Campos los leían muchísimas mujeres. La época de las superheroínas de vestimenta corta y apretada no le interesaba a las chicas. Tampoco les interesaba a las chicas las películas de superhéroes, cuyo tema principal era el combate, porque necesitan que haya una historia interesante debajo.

P. En la pequeña trayectoria de las redes sociales de nuestra revista hemos comprobado que la mayoría de seguidores son ilustradores hombres consolidados y, en cambio, la minoría son mujeres que en un gran número no han entrado de forma profesional al mundo del cómic. ¿Qué cree que falla?

R. Lo mismo de siempre: el machismo. Las mujeres van avanzando en el cómic y van encontrando poco a poco su sitio, pero a los editores les cuesta publicarles y a los críticos hablar sobre su trabajo. Yo hace 6 años que publiqué mi tesis y aún no se ha interesado nadie, ni he conseguido que me la publiquen. Sin embargo, hay muchas tesis publicadas sobre el cómic cuyos autores son hombres. El problema es que no quieren que interese. 

«Hace 6 años que publiqué mi tesis y aún no se ha interesado nadie. Sin embargo, hay muchas tesis sobre cómics publicadas cuyos autores son hombres»

P. Hemos observado que la mayoría de seguidores de revistas de cómic eran hombres cuando las mujeres usan más las redes sociales. ¿Cree que a los hombres “se les enseña” más que a las mujeres a interesarse por el cómic?

R. Sí, aún se sigue pensando que los cómics es cosa de chicos y ha costado muchísimo aceptar que a las chicas también les puede gustar. También costó muchísimo que se considerase que el cómic formaba parte de la cultura, ya que no había ni una categoría de premios del cómic. Aunque, aún así, sigue estando denostado socialmente que te gusten los cómics porque se considera como algo de niños. Entonces, a las mujeres que nunca se las ha considerado en nada, cuesta mucho más que las integren y acepten en algo que ya está denostado de por sí.

P. Viene de la educación en el machismo, a los hombres se les valora más por menos que a las mujeres por más.

R. Por supuesto, eso está claro y comprobado. Se ve en los sueldos y en los cargos, está a la orden del día. Antes, hasta cierto punto, a las mujeres no nos importaba. Yo recuerdo que en la facultad éramos casi todo mujeres y el delegado era siempre un hombre. Afortunadamente, eso está cambiando [ríe], las mujeres quieren estar igual que los hombres y ocupar puestos de alta responsabilidad.

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