Cómic históricoCómic y la mujer

Las mujeres del franquismo en el cómic

La historia de la dictadura sigue completándose gracias a investigadoras y autoras que buscan suplir este desconocimiento

El cómic ha sido, desde hace años, un medio más para difundir ideologías, informar o fomentar actitudes. Ya en la guerra civil, existían revistas como Flechas y Pelayos (1938) con el objetivo de promulgar una visión de España católica e imperial; y otras como Pionero Rojo (1937), que divulgaba la ideología del bando contrario.

Este aspecto de los tebeos sigue presente en la actualidad, con la diferencia de que, ahora, se hace fijando la mirada en el pasado, en hechos y situaciones que nos parecen distantes. Tal y como comenta Iria Ros Piñeiro, historiadora del arte, doctorando sobre cómic y conflictos bélicos y miembro de Sala del Peligro y ACDCómic, “el cómic dispone de un amplio abanico de posibilidades para funcionar como representación física de la memoria histórica”. Por ello, de entre todas las variantes en este arte, una de las que sigue adquiriendo valor y relevancia es aquella que retrata historias de la Guerra Civil, tanto de la contienda, como de la vida cotidiana de la ciudadanía. Sin embargo, una parte de la historia sigue, en parte, silenciada: la de las mujeres

Los cómics que entrelazan historias del franquismo con historias de mujeres tienen una labor intrínseca de visibilizar. Aunque “la función de la obra se la da la persona que la crea”, según Ros, como lectores/as debemos ser conscientes de que, gracias a estas, adquirimos conocimientos que pasan inadvertidos en la sociedad. Así, obras como Estamos todas bien, de Ana Penyas, o Regreso al Edén, de Paco Roca, muestran el papel de mujeres de la época que luchaban por sobrevivir. Sin embargo, ahora podemos reivindicar su valía gracias a una educación más feminista.

Viñeta del cómic Estamos todas bien, de Ana Penyas
Viñeta del cómic Estamos todas bien, de Ana Penyas

En el caso del primer ejemplo, de Ana Penyas, observamos la vida cotidiana en la dictadura a través de sus abuelas, Maruja y Herminia. Su objetivo es dar voz a mujeres que fueron relegadas al ámbito doméstico y a los cuidados y buscar un lugar para relatos no protagonizados por figuras masculinas, ni por mujeres que realizaron hazañas; sino por una generación a la que mantuvieron en la sombra, según cuenta la propia autora.

Esta ausencia de historias de mujeres de toda una época se debe, según Ros, a un tema de desconocimiento más que de machismo. Sin embargo, “el machismo de ahora es herencia del que históricamente venimos arrastrando desde mucho antes del Franquismo”, afirma la investigadora. Por tanto, esta ignorancia es un resultado de la falta de paridad registrada desde siempre en la sociedad. 

También cabe resaltar variantes que subyacen en el propio medio de difusión de estos relatos: el cómic. El mercado ha acogido más variedad de productos, por interés del público y, en consecuencia, de las editoriales. A pesar de ello, Ros mantiene que “todavía queda mucho por recorrer para eliminar en el público general la errónea idea de que los cómics son sólo para niños”. Esto se debe a que este medio ha sido encasillado en un rol infantil o para un sector de la población con determinados intereses, cuando lo cierto es que existe tanta variedad de temas en los tebeos como en los libros. 

Así, tanto estas historias como su vía de difusión han logrado una mayor relevancia a lo largo de los años; pero todavía son muchas las posibilidades que están por conocer.

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